sigilosamente,
deslicé mis manos
por debajo de su pollera
y descubrí lo más puro
de su ser.
Cecil DumontG
(c)2012
Con mi tinta olor a pescao
Versos porno-eróticos con las visceras desbordantes que visibilizan amores ardientes y puramente FEMENINOS.
Artesanías
Completamente empapada subo a mi auto y empiezo a
rondar la ciudad buscando una playa de estacionamiento
acorde para guardarlo bajo techo. Las gotas furiosas e
intempestivas corretean ludicamente sobre la brillante
chapa azul de mi auto, asemejándose a una vieja
publicidad televisiva. Yo voy atenta al tránsito,
aferrando mis manos humedecidas en el volante.
Al fin, un muñeco inflable que se moja en la vereda
Con sus manos hecha de flecos de goma inflable
Me indica que hay lugares en esa playa de
Estacionamiento. Tengo que esperar nomás que el
Semáforo de la onda verde y con suerte en unos
Instantes estoy dentro. Ya es de noche y aún no
Conseguí hotel. Tiempo al tiempo.
Pongo guiño y doblo a la derecha y me coloco
En posición para ingresar al estacionamiento.
Las rejas están cerradas. Pero comienza a sonar
La chicharra y empieza a subir lentamente. Y ahí
Esta ella, situada junto a la cabina de entrada con su
Perro labrador a un lado. Es realmente hermosa.
Enhorabuena, haber atravesado tantas calles bajo la lluvia
Hasta el auto y luego un par de cuadras más hacia
El otro estacionamiento me trajo suerte, la lluvia me bendijo.
Me hace señales de que estacione en el lugar vacío junto a la cabina y desaparece
en el interior de la misma. Bajo del auto, luego de agarrar mi bolso y al cerrar la puerta del auto, siento que una manos me colocan una toalla en mi espalda. Son las manos de ella, a quien no tengo el gusto de conocer pero me da la mejor de las bienvenidas.
-Te espero en el local con un té bien caliente- me dice como si me conociera de toda la vida y se va.
La cortina metálica comienza a descender. Siento una rara sensación, de peligro y felicidad. Una corriente de adrenalina me corre por la columna vertebral.
-Solo quiero un cuarto de hotel, necesito descansar- murmuro pero no alcanza a escucharme.
Me decido a animarme a seguirla y que sea lo que sea. Quizás sea una asesina serial,
me lo cantan el runrún de mis pensamientos.
A medida que me abro paso entre los autos estacionados y me acerco al local del fondo, siento un fuerte olor a sahumerios, patchoulis y demás esencias aromáticas…muy típico de los locales de artesanías, pero lo raro que no tiene salida a la calle…está en el fondo de una playa de estacionamiento, en un viejo local que era un taller mecánico como indica el cartel arrumbado que está arriba de la puerta. Cruzo el umbral y me siento como en casa, hay un millar de artesanías en madera de todo tipo y formas. Me siento a la mesa, me sirve el té humeante en la taza y nos quedamos charlando hasta que nos vamos al cuarto y nos acostamos en la cama matrimonial. Dormimos acurrucadas.
©2012, Paraná.
Todos los derechos reservados
Cecil DuMont
rondar la ciudad buscando una playa de estacionamiento
acorde para guardarlo bajo techo. Las gotas furiosas e
intempestivas corretean ludicamente sobre la brillante
chapa azul de mi auto, asemejándose a una vieja
publicidad televisiva. Yo voy atenta al tránsito,
aferrando mis manos humedecidas en el volante.
Al fin, un muñeco inflable que se moja en la vereda
Con sus manos hecha de flecos de goma inflable
Me indica que hay lugares en esa playa de
Estacionamiento. Tengo que esperar nomás que el
Semáforo de la onda verde y con suerte en unos
Instantes estoy dentro. Ya es de noche y aún no
Conseguí hotel. Tiempo al tiempo.
Pongo guiño y doblo a la derecha y me coloco
En posición para ingresar al estacionamiento.
Las rejas están cerradas. Pero comienza a sonar
La chicharra y empieza a subir lentamente. Y ahí
Esta ella, situada junto a la cabina de entrada con su
Perro labrador a un lado. Es realmente hermosa.
Enhorabuena, haber atravesado tantas calles bajo la lluvia
Hasta el auto y luego un par de cuadras más hacia
El otro estacionamiento me trajo suerte, la lluvia me bendijo.
Me hace señales de que estacione en el lugar vacío junto a la cabina y desaparece
en el interior de la misma. Bajo del auto, luego de agarrar mi bolso y al cerrar la puerta del auto, siento que una manos me colocan una toalla en mi espalda. Son las manos de ella, a quien no tengo el gusto de conocer pero me da la mejor de las bienvenidas.
-Te espero en el local con un té bien caliente- me dice como si me conociera de toda la vida y se va.
La cortina metálica comienza a descender. Siento una rara sensación, de peligro y felicidad. Una corriente de adrenalina me corre por la columna vertebral.
-Solo quiero un cuarto de hotel, necesito descansar- murmuro pero no alcanza a escucharme.
Me decido a animarme a seguirla y que sea lo que sea. Quizás sea una asesina serial,
me lo cantan el runrún de mis pensamientos.
A medida que me abro paso entre los autos estacionados y me acerco al local del fondo, siento un fuerte olor a sahumerios, patchoulis y demás esencias aromáticas…muy típico de los locales de artesanías, pero lo raro que no tiene salida a la calle…está en el fondo de una playa de estacionamiento, en un viejo local que era un taller mecánico como indica el cartel arrumbado que está arriba de la puerta. Cruzo el umbral y me siento como en casa, hay un millar de artesanías en madera de todo tipo y formas. Me siento a la mesa, me sirve el té humeante en la taza y nos quedamos charlando hasta que nos vamos al cuarto y nos acostamos en la cama matrimonial. Dormimos acurrucadas.
©2012, Paraná.
Todos los derechos reservados
Cecil DuMont
Etiquetas:
Amor,
Cinefilia,
Ciudad,
Estaciones,
Relaciones,
Sueños,
visibilidad
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La vi
entrar al lobby de la fiesta
y pensé
"Es torta"
Lo confirmé
cuando se presentó.
entrar al lobby de la fiesta
y pensé
"Es torta"
Lo confirmé
cuando se presentó.
Del tipo marroquí
Te debo un beso
como aquel
que da La Dietrich
engalanada en un esmoquin.
como aquel
que da La Dietrich
engalanada en un esmoquin.
Despliegues (a)divinos
La tramoya
que chamuya
al cuete ese firulete
sin más
sin ton ni son
acodada a la barra
me cautivaste
con tu verba
de gitana turca
maleante.
Me leíste la mano
y me dijiste
que ya nunca
iba a poder olvidar
que estuve a tu lado,
en el motel
con el vestido calado.
que chamuya
al cuete ese firulete
sin más
sin ton ni son
acodada a la barra
me cautivaste
con tu verba
de gitana turca
maleante.
Me leíste la mano
y me dijiste
que ya nunca
iba a poder olvidar
que estuve a tu lado,
en el motel
con el vestido calado.
traquea memoriosa
Tu furia aterciopelada
se deshilacha con el
correr del tiempo
agónica
se retuerce
en el fondo de mi garganta
vigilante
que no deja olvidarte
y cada vez que traga saliva
suspira en tu recuerdo.
se deshilacha con el
correr del tiempo
agónica
se retuerce
en el fondo de mi garganta
vigilante
que no deja olvidarte
y cada vez que traga saliva
suspira en tu recuerdo.
Estamos secas, secas...
Vayámonos
poniéndonos
un poco más
amorosas
y no tan babosas,
¡por favor!
poniéndonos
un poco más
amorosas
y no tan babosas,
¡por favor!
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